domingo, 31 de enero de 2010

Noches alegres y mañanas tristes

Se levantó con dolor de cabeza y descompostura...él odiaba la resaca. Una dama desnuda estaba dormida a su lado. Se acercó con el ceño fruncido. No la reconocía, pero eso no bastó para alarmarlo...todos los sábados habían damas desconocidas en su cama. Lo extraño es que entonces era jueves, lo que tampoco bastó para alarmarlo.
Se puso de pie, soltando la sábana que lo enroscaba. Sintió frío en su entrepierna y bajo la mirada a ésta. Comenzó a reír. Él también estaba desnudo por lo que supo que había tenido sexo... No le dio importancia y siguió con la rutina inútil.
Miró el reloj...eran las doce. Era temprano...tempranísimo...él solía despertarse al menos dos horas más tarde.
Se metió bajo la ducha. Estaba apurado, no quería que la dama se despertara antes de que él estuviera listo. Era un caso especial, como lo eran todos los sábados _aun que entonces fuera jueves_, por lo que se puso sus mejores ropas: un jean algo desgastado, pero menos desgastado que el resto, las converse negras, la remera de Social Distorsion que tenía un encantador esqueletito bailando con una copa en la mano, un saco negro con líneas horizontales grises y los guantes de cuero negros _típicos de una mañana de sábado_. Después de peinarse con la mano, pensó en delinearse un ojo para hacerle homenaje a su ídolo Álex, pero lo rechazó porque pensó se vería muy gay.
Salió echándose perfume del baño. La dama estaba despertando.
_ ¿Dormiste bien, linda? _le dijo mientras desenganchaba una de las cadenas que colgaban de sus pantalones_.
Ella pareció alegrarse al verlo.
_Lo hice... _respondió_.
Él, con un envión algo brusco, cruzó sus piernas sobre la cintura de ella. Se agachó un poco para poder besarla y volvió a enderezarse.
Ella lo miraba hechizada. Le encantaba tener ese poder sobre las mujeres. Él la miraba con desdén. Creía que ella lo sospecharía, pero era más estúpida que las anteriores...por fortuna...para él sería mucho más divertido...para ella, mucho más lastimoso.
Estiró la cadena por última vez y la colocó debajo del cuello de ella. Comenzó a presionarla de a poco.
_ ¿Qué haces? _le dijo ella cuando entendió la situación_.
_Shhh...
Él recordó la noche. Habían dicho lo mismo...mientras tenían sexo.
_ ¡No!
Los gritos lacerados sólo lo excitaban más.
Ella comenzó a mover los brazos. Trataba de empujarlo, pero él era muy fuerte.
Él presionó con tanta fuerza al final, que sólo fue cuestión de segundo que ella dejara de luchar.
Él se levantó. Así, inerte, se veía más linda...como el resto... Ella aún tenía los ojos abiertos. Se veía tan bien...
Sacudió su saco, se limpió los brazos ensangrentado _las mujeres solían rajuñarlos cuando él las estrangulaba_, se agachó al cuerpo y besó su mejilla.
_Que duermas bien, número 36.


Texto por Poyo Skalari

2 comentarios:

Meel dijo...

en verdad me sorprendio ese texto, es genial, a cada minuto me atrapo como qien engaña a un niño para robarle un chupetin.
tus textos son totalmente geniales, segui escribiendo, sigamos pensando como queremos, nadie nos lo puede impedir,
un beso

Chris dijo...

Me encantó como narras la historia con tanta naturalidad y ésta nunca se vuelve tediosa de leer.

PD. Encontré tu blog al buscar una imagen de Jesus of Suburbia, ¿qué íronia no?.